Cuando empezamos agradecer a la vida todo lo que nos da y nos ha dado, comenzamos una nueva relación más sana y equilibrada con lo que somos, sintiendo que fluimos sin juzgar, sin poner etiquetas ni a las personas, ni a los cambios que  se van produciendo por el camino, solo aceptamos y eso nos hace simplemente estar bien y en sintonía con la vida.

Solo con un pequeño cambio en nuestra rutina matutina, despertando cada mañana agradeciendo todo lo que nos brinda y ha brindado la vida, daría un giro inesperado y positivo a lo largo del día, y si este pequeño cambio lo mantenemos en el tiempo hasta que se convierta en un hábito de por vida en  cinco años no nos reconoceríamos del salto evolutivo que daríamos, pero como buenos humanos que somos los cambios nos gustan que se produzcan rápido y con el menor esfuerzo posible, y visto lo visto ya sabemos que las cosas no funcionan así, hay que ser perseverantes y constantes para que los hábitos se instalen por completo en nosotros.

Ana Marín.